viernes, 16 de septiembre de 2011

Una vez corrí tanto...


Después de la tormenta, Winslow Homer (1899)

Una vez corrí tanto, tan asustada, y tan rápido que el pecho se me abrió, se secó y dio paso al sabor metálico de la sangre en la boca. Corrí tanto! intentando no pensar en el dolor, una vez dejaron de arder mis piernas, dejé de sentirlas; una vez cesaron los golpes en la planta de los pies empecé a notar el clavar de los huesos en el suelo. Fui tan veloz que mis ojos se cegaron con las lágrimas. Corrí tanto que me ahogué y cientos de capilares rompieron en mis párpados y quedaron en ellos dibujadas sus trayectorias rojas.  
Dejé de correr y caí al suelo, con la voz enmudecida reí, tosí, escupí sangre y saliva... tirada sentí mi pecho abierto como el de una nécora, mis ojos sólo vieron estrellas... intenté beber y vomité, intenté levantarme y caí...

Alguna vez has corrido así?

sábado, 10 de septiembre de 2011

Dafnis y Cloe

Dafnis y Cloe, Cortot (1824)
Apenas puedo recordar el momento en que cambió todo, el momento en que dejamos de ser pequeñas y domésticas deidades y fuimos expulsados del edén, de nuestra minúscula parcela en Shangrilá que creíamos, nos pertenecía por derecho propio. Nada ni nadie podía hacer tambalearse ese Aleph sostenido en equilibrio perfecto, ese mundo disciplinado y eterno en el que no había lugar para el dolor ni el sufrimiento.

Dejamos de ser animales salvajes para adaptarnos a la civilización, abandonamos las ramas de los árboles, encontramos la vergüenza, el pudor, y el croar de las ranas se hizo inaudible.

Qué nos llevó a caer tan profundamente en el olvido? qué nos llevó a volar tan alto en el orgullo? qué nos llevó a escondernos tan miméticamente en la indiferencia? Magníficos ejemplares, felinos que dejaron de serlo. Elásticos seres hermosos que no volverán, pequeños, finos, atezados… Obsesionados por la existencia, intrigados por sus cambios, enamorados del humus que cubre la vida, cuidando la pátina de la experiencia, guardándola como oro en paño, sacándole brillo con el vaho y la manga.

Y me miro al espejo y descubro lo poco que he cambiado. De mi vergel solo he sacado un pie y ha cogido frío.

martes, 9 de agosto de 2011

El barrio chino

La intriga. Ensor (1890)
Casi puedo verlo si cierro los ojos, lo oigo, lo huelo. Me dejo llevar a los años de la posguerra, mi mente vuela a los tiempos en que el hambre y la necesidad eran fruto de la cruel dictadura. Solo tengo que pasear por Ferrol Vello, levantar la vista hacia esas fachadas que se desmoronan piedra a piedra, teja a teja, cristal a cristal… mi alma se transporta a aquella época sin esfuerzo, porque desgraciadamente, la arquitectura de esas calles sinuosas, poco o nada ha cambiado.

El agua se encharcaba en los resquicios del adoquinado mal pavimentado. Los pequeños hoyos y los baches, reflejaban las luces del puerto como trocitos de un vidrio roto en mil pedazos. Las prostitutas se paseaban por el muelle, abrigadas del gélido viento con escasa ropa, y caminando sobre altos tacones, tarea harto complicada sobre un suelo tan irregular. Los marineros andaluces, vestidos de blanco, cantaban en la calle con los corazones encharcados de fiesta y alcohol. Para muchos, era su viaje iniciático, el que los convertiría en hombres. Para otros, sería la primera y quizá la última vez que saldrían de sus pueblos.
Puedo ver a una oronda madame sin dientes, carcajeándose como una gallina, ofreciendo sus muchachas a los hombres del mar. Puedo ver una pelea tras la esquina, un hombre embotado por el vino pega a otro mientras un corrillo los jalea. La calle está iluminada con farolillos de colores que arrojan a los rostros su luz espectral. Veo a un muchacho vestido de mujer, su mal maquillaje le dibuja una mueca triste de payaso. Un perro duerme en una esquina de un portal, esperando que alguien abra la puerta. Gritos, risas, música de un acordeón, ruido de cristales rotos, juramentos en mil idiomas…
Primero fue el muelle, luego el cuartel de instrucción, y más tarde, como compañero natural, surgió el barrio chino, oculto en las callejuelas serpenteantes de la ciudad vieja. Las luces rojas marcaban la calle principal, que arrancaba insolentemente del muelle. Mas tarde con el decoro hipócrita de la dictadura, se colocó un enorme edificio telón intentando ocultar el popular barrio, dando la bienvenida con una hermosa cara a los que llegaban a la ciudad por mar. A partir de ahí, el acceso a la calle se hacía atravesando una especie de arco triunfal colocado en los bajos de dicha edificación, una puerta que hacía que los habituales del barrio lejos de amedrentarse por ese marco arquitectónico, se sintieran como Jesucristo entrando en Jerusalén, como Tito llegando a Roma con el Arca de la Alianza y las menorah de oro.
Hoy en día, como un intento de dignificar, lo que en otro tiempo significó el pecado, lo sucio y lo miserable, la iglesia decidió convertir esta calle en el inicio del Camino de Santiago, en el inicio de un peregrinar hacia lo sagrado. Piensan que han puesto a habitar en esta calle un pedazo de Patrimonio de la Humanidad, de lo que no se dan cuenta, es que lo que antes aquí habitaba, también lo era.

Piel muerta

A tiras vamos arrancando la pátina que el tiempo va dejando sobre nosotros.


Niño espulgándose, Murillo (1650?)
Las postillas arrancadas dejan una pequeña herida en la piel, pero descuajándolas, por fin acabamos con la comezón que nos mortifica. Hartos de rascarnos en círculos en torno a esa costra, con cuidado para no arrancarla, esperando ansiosamente el momento en que esté en su punto para eliminarla. Sabemos que el picor es una molestia que merece la pena sufrir, porque si somos ansiosos y la arrancamos antes de tiempo, el dolor vuelve a nosotros y la herida tendrá que apostillarse y endurecerse de nuevo. Pero si esperamos estoica y pacientemente, el sacrificio será recompensado, la costra caerá sola y poco a poco saldrá a la luz la tersa, lisa y suave piel nueva.

Séneca decía algo así como “el tiempo cura lo que la razón no puede” y estoy convencida que, ante una herida abierta en el alma, lo único que hay que hacer es esperar que el tiempo nos distancie del golpe, lo haga borroso y lo difumine en la lejanía, hasta dejarlo como una leve sombra. A veces hay daños colaterales, impuestos que tenemos que pagar, y el tiempo se lleva con él detalles que no quisiéramos olvidar, como un tono de voz, una cara, un aroma…

viernes, 5 de agosto de 2011

"Vemos las cosas, no como son, sino como somos nosotros"

Stromboli, R. Rossellini (1950)
Solo sé escribir sobre las púas que desgarran la tersura de la vida. De los fallos e imperfecciones que se dibujan en una buena piel. Creo que la belleza de nuestra existencia reside precisamente en todo lo contrario, lo antiestético, lo vergonzoso, lo inmoral… si conocemos esa parte deforme de la realidad, sabremos identificar lo bello a cada paso. Respirar profundamente una mañana de verano y notar como la luz del sol llena los pulmones de energía naranja. Acabar esa inspiración con una gran sonrisa y ver colorearse las hojas de los árboles, una a una, apreciar como lentamente comienzan a contrastar con el cielo azul del fondo, diferenciar sus colores verdes, amarillos, marrones… Y todo eso gracias a la triste y oscura luz plomiza que en invierno inunda nuestras salas de estar y nuestras almas.

Las pasiones son el antídoto al aburrimiento. Los sentimientos, los impulsos, el ánimo, el humor… cuídame dios de las aguas mansas… siempre me ha gustado la gente que está viva y lo demuestra. La gente que sin vergüenza habla de sus entrañas. De lo que le corroe las paredes del corazón. Quien no ha estado nunca enamorado, no está vivo. Quien no ha dado nunca una bofetada, o la ha recibido, no me interesa. Para amar hay que odiar, para ser feliz hay que sufrir. Desecho las líneas rectas, no me interesan, la perfección siempre viene de la mano de la infelicidad, pero no es su fruto.

martes, 2 de agosto de 2011

Al norte del Norte

Soñaba con viajar hacia el norte, donde la luz es azul. Soñaba que se enamoraría de aquellas tierras y no querría volver más. Por dentro era como un paisaje boreal, y tenía la firme convicción que allí se sentiría feliz al fin. Sentía la necesidad de mortificarse con el frío, de purificarse. Tener una razón real para fatigarse al caminar, que las heridas de su alma se tradujeran en tez despellejada por viento álgido. Sus pensamientos alcanzarían una nitidez propia de la claridad glacial y por fin estaría todo en su sitio.  La ira del mar del norte azotando las rocas afiladas sería una medicina para el corazón.
Una vida simple y austera, envuelta por tablones de pino con la despensa llena de carne seca. Una vida en soledad,  en el fin del mundo. No es eso el cielo? pensaba

viernes, 29 de julio de 2011

A quién no le ha pasado?

Perkins en Psicosis de Hitchcock (1960)
Suena y suena. Busco en el bolso y no soy capaz de encontrarlo. Noto su vibración en la correa que llevo sujeta al hombro. Entre las bolsas de las tiendas y el paraguas no hay quien encuentre el maldito móvil. El mal humor empieza a palpitar por mis venas. Juro en voz baja y me acuerdo de los muertos de la persona que me está llamando. Me abrigo en el zaguán de un edificio y tiro todo al suelo. El paraguas abierto sale rodando y aterriza contra una puerta de vidrio haciendo un ruido exageradamente alarmante. Al otro lado del cristal, la mujer de la recepción levanta la vista sobre el mostrador y me mira inquisitivamente. Le sonrío y vocalizo la palabra “perdón”. Acto seguido murmuro “que te den”. Sigue sonando. Las bolsas estranguladoras se resisten a dejar mi muñeca libre. Acabo desembaranzándome de ellas quitando el reloj, una pulsera y el anillo pedrusco, no había opción. Abro el bolso y vacío todo su contenido sobre el mármol. Tres llaveros, una cartera, un monedero, un tarjetero, un lápiz, una agenda, tres bolígrafos, un paquete de pañuelos, un tampax, una barra de labios, un lápiz de ojos, un bloc, un afilalápices, una piedra de cuarzo, un libro, unas pinzas, una goma del pelo, un espejito, un muñeco Piglet y un paquete de chicles… y por fin el móvil… pulso la tecla verde.

- Si?.

- Buenos días, me llamo Mariflores Gómez, le llamo de vodafón…



(tu tu tu tu tu tu tu tu tu)