lunes, 26 de diciembre de 2011

No puedo matarlo


Hombre desesperado (Autorretrato) Gustave Courbet (1845)
Puse a secar mi corazón al sol ensartado en un aspa de cañas,
el viento del mar poco a poco curtió el pericardio,
ajando tira a tira la fibra muscular, quebrándola,
pero todo fue inútil, porque seguía latiendo.

Entonces colgado de un gancho de hierro lo ahumé,
y sobre el humo de un laurel he ido tiznándolo,
deshidratando con el fuego la sangre, despojándolo de vida
pero todo fue inútil, porque seguía latiendo.

A golpe de pala lo he enterrado bajo una montaña de sal,
intentando curar el magro cardiaco, apergaminándolo,
inyectando la pócima salina en las arterias
pero todo fue inútil, porque seguía latiendo.

Con un cuchillo de cobre he raspado las venas y los nervios que recubren sus paredes, 
lo he restregado contra las rocas de la playa.
He quemado su grasa con un hierro al rojo y lo he sumergido en orina,para que se pudra. 
Pero el muy jodido sigue latiendo.



jueves, 22 de diciembre de 2011

Huele mal

Rooms by the sea, Hopper (1951)




Una tarde de verano, estaba sentada en la escalinata de la playa de Ber, limpiándome los pies de arena para calzarme e irme a casa. En esto que veo bajar un niño pequeño calzado con sandalias, un flotador en la cintura, unos manguitos, un cubo, una pala, un rastrillo, unas gafas de bucear, un tubo… iba hacia la playa lanzado, corriendo el riesgo de caer y romperse el cuello, porque esas escaleras son muy empinadas y no tienen descansillo. Cuando el crío llega a mi altura, frena en seco, mira hacia arriba y grita con un marcado acento castizo:
-          Mamaaaaaaaaaaaa!!!! Huele mal!!!!
Entonces una mujer que le seguía escaleras abajo, mas cargada aún que el niño le contesta,
-          No huele mal, hijo, es el mar.

lunes, 19 de diciembre de 2011

Viva el rock!


No teníamos internet, pero comprábamos la Kerrang! y nos llegaba el Bid a casa. Ibámos a las tiendas de discos y a golpe de catálogo pedíamos los vinilos y las cintas, gastando los pocos dineros que teníamos y arriesgándonos a que lo que estábamos pidiendo no nos gustara. Porque con catorce años no me tragaba lo que me echaban, las repeticiones inteminables de música infumable en las emisoras de radio y más tarde la música hortera de los bares horteras. De adolescentes nos dedicábamos a investigar, hablar, descubrir, compartir... Teníamos mucho mérito!
Porqué se empeñan en culpar a internet de la agonía de la música?  la música que agoniza e incluso muere por "culpa" de internet, no es música. La MÚSICA de verdad no muere nunca.

jueves, 1 de diciembre de 2011

Y no te pude llorar...

Dylan en su Triumph (1964)
...porque me comió la lengua el gato
y me cosió la boca con tergal,
un secreto que lo sigue siendo
aún cuando ya no existes.
Y aquella noche salté sobre tu moto
y rodamos por los caminos
con la imprudencia de la juventud
y el atontamiento del amor.
Pero te fuiste y no te pude llorar,
porque yo no te era nada
solo un secreto que duró demasiado

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Vuelvo y revuelves

Barbette, Man Ray (1926)
La noche  palidece moribunda, abandonando su ciega opacidad. Por las calles avanza el alba, despuntando el día, puntada a puntada, sobre las crestas de los edificios. Es hora de volver. Fue una de esas noches que a su término te da la sensación que pasaron varios días. Vuelves a casa con los ojos emborronados por el rimel (quizás la pena o la risa te han hecho llorar), los zapatos de tacón en una mano, los mechones de pelo invadiendo tu cara y quemándose con el cigarrillo que llevas en la boca. Una de esas noches en que llegas al portal y buscas la llave que a duras penas entra en el cerrojo de la puerta. Escupidendo en el suelo su pálida luz, el ascensor te espera en el rellano, con sus puertas abiertas como una madre amorosa y cálida que te espera despierta. Te miras en el espejo de su interior acercas la cara hasta tocar con tu nariz el feo reflejo que te devuelve. Entonces, en ese momento, recitas en voz baja:
"De qué sirve, quisiera yo saber, cambiar de piso,  dejar atrás un sótano más negro que mi reputación —y ya es decir— poner visillos blancos..."

jueves, 24 de noviembre de 2011

Mi pesadilla

El sueño de la razón produce monstruos, Goya (1799)
Desde niña tengo este sueño recurrente, esta noche lo he vuelto a sufrir:


"Me quedé observando los dos sepulcros que en otro tiempo fueron del blanco impoluto de la cal. Ahora se encontraban sumergidos en un mar de hiedra verde y musgo. El terreno estaba encharcado unos centímetros y tenía la sensación de estar pisando una esponja húmeda. Tenía los pies mojados y fríos. En esa zona del jardín nunca daba el sol y el ambiente era desolador. A lo lejos oí ladrar al perro. Era un ladrido de alerta que me sugería que era hora de partir. Me abrí paso entre la maleza. Las zarzas me aferraban como para advertirme  que no abandonara un lugar seguro. 
Salí al apeadero del ferrocarril. El edificio abandonado de la estación,  de estilo rural alemán de los años 40 que tanto proliferó en la España franquista, mostraba sus ripias al aire, sus viguetas decoradas bajo el alero y sus guardapolvos sobre las ventanas, semejaba un fantasma de otro tiempo. El desvío que había frente a la arquitectura se encontraba cubierto por un zarcillo de pasiflora, que favorecido por el abandono, había hecho suyo el camino de hierro. Eché a correr por la plataforma de balasto, pero las piedras caían rodando montículo abajo y mis tobillos se torcían una y otra vez, por lo que me coloqué entre las vías y, utilizando las traviesas de roble y como un camino de baldosas amarillas avancé por el hacia el túnel. 

Mi pueblo está atravesado subterráneamente por un túnel de unos 300 metros de largo. Es un lugar al que acudíamos de niños a jugar por el hecho de tenerlo prohibido, ya que no era un lugar ni mucho menos amable. La plataforma de la vía se reducía considerablemente hasta guardar el ancho justo de un ferrocarril. A lo largo de los húmedos muros del túnel había una serie de nichos para resguardarse en caso de que el tren sorprendiera a uno cruzando el subterráneo. 



A las puertas del túnel, bajo el arco del que arrancaba la bóveda, intenté afinar la vista para  distinguir la salida. Allí estaba, una réplica minúscula del arco bajo el que me encontraba. Miré hacia arriba, las dovelas me semejaron unos grandes incisivos a punto de morderme. Siempre me pareció un lugar siniestro. El ladrido del perro se aproximaba, cada vez estaba más cerca. Eché a correr hacia las entrañas de mi pueblo. Los muros empapados de agua reflejaban la luz que procedía del final del túnel y el olor a alquitrán mojado de las traviesas inundó mis pulmones. Goterones golpearon mi cabeza hasta empaparme el pelo. Con la vista fijada al final del túnel, como una meta, como una salvación, pude oír el ladrido del perro magnificado por el eco. Miré hacia atrás de soslayo y vi dos figuras  junto a un enorme can. Corrían como yo, pero les llevaba ventaja. Apuré el paso y salí a la luz. Estaba completamente empapada. 

Me adentré en el bosque de castaños, caí rodando, me levanté y pendiente abajo, me aproximé al mar. El pequeño acantilado en el que moría el bosque iba derrumbándose invierno tras invierno sobre la playa. La marea estaba alta, por lo que iba a tener que nadar un poco hasta llegar a las rocas que me servirían de escondite. Me arrastré terraplén abajo, resbalando por el barro, hasta llegar al agua. Me eché a nadar y las olas me golpearon suavemente contra las rocas. Intenté sujetarme a una de ellas, pero cuando la tenía agarrada, el mar con su fuerza me apartaba de ella. Repetí la operación unas cuantas veces, hasta que al final llegó la ola fuerte y me aupó sobre la piedra que intentaba alcanzar. Tragué mucha agua, y la naúsea no tardó en convertirse en vómito. Tirada sobre la roca vomité, miré mis manos y sangraban, estaban deshechas pero no las sentía. Las metí bajo mis axilas para hacerlas entrar en calor y protegerlas. Estaba temblando y mi cuerpo no me abedecía. Allí sentada oí al perro delator. Miré hacia arriba, y allí vi las dos figuras oscuras como la noche, sin cara, sin manos, sin pies. Dos manchas que me observaban, clavándome sus ojos inexistentes. Me levanté, les di la espalda y con un impulso de superviviencia avancé sobre las rocas, saltando de una a otra hasta perderlos de vista."

martes, 22 de noviembre de 2011

Mi nueva y maravillosa vida





Debo de ser la única persona en este país que se alegra de terminar una relación laboral. Es como si me sacudiera una tonelada de mierda de encima. Joder! hay gente que espero no volver a cruzarmela en la vida!!! Enga, ahora, a otra cosa mariposa. Por cierto, del anuncio de cocacola me quedo con la primera parte. Gracias a TODOS por el apoyo y siento si he ofendido a alguien que lo esté pasando mal por el desempleo.

No vales nada

Aunque en tu pequeño feudo de mierda seas la reina,
en el juego de la vida eres una perdedora, y eso es lo importante.
Nunca estarás sola porque la soledad siempre caminará de tu mano,
a la par, mirándote a los ojos...

viernes, 11 de noviembre de 2011

Alegoría del Bazar Chino

Recuerdo cuando los famosos “todo a cien” tuvieron que compartir nicho con los ahora tan populares “chinos”. Las tiendas asiáticas comenzaron a instalarse en Santiago allá por el año 2003. Recuerdo mi primera visita a uno de estos establecimientos, fue para comprar una llave allen para mi bicicleta y un manojo de pulpos de goma para poder llevar cosas en el portabultos sin necesidad de colgarle las alforjas. Al llegar a casa, me dispuse a ajustar los frenos, introduje la llave en la muesca del tornillo y a la primera vuelta, la cabeza hexagonal de la herramienta quedó totalmente mellada y el tornillo no había girado ni medio grado. Estaba fabricada con una aleación de plástico con plástico, supuse.
Aquel día quería ir a estudiar a la piscina, porque en Santiago en junio hace mucho calor. Con los apuntes de Historia de la Música enrollados en la toalla de playa  y colocados en el portabultos, comencé a amarrar el bulto con uno de los pulpos que acababa de comprar. En un extremo del portabultos enganché el artilugio, tiré fuerte para tensarlo y cuando llevaba una vuelta de ceñido, el gancho se soltó de la goma y como se de un tirachinas se tratara, salió disparado hacia mi cara, rebotando en una de mis cejas. Aquel día decidí no volver a comprar en un chino.
Pero volví, volví a comprar cosas absurdas que no me duraban mas que cinco minutos. Una vez compré una alfombrilla para el ratón con esponja para el túnel carpiano, y, además de provocarme una irritación, la oficina entera estaba mareada por el olor a chapapote que desprendía. Lápices sin mina, rodillos de pintor que dejan pelusas en la pared, medias para gigantas, pintauñas que no salen ni con aguarrás… Pero la compra estrella, sin duda fue un cuchillo que compramos en Lisboa hace unos años. Después de pasar todo el día haciendo turismo, decidimos salir a cenar fuera, pero paramos en un super a comprar algo de fruta para tener en la habitación por si nos venía el hambre. No teníamos con que cortarla así que paramos en un chino a comprar un cuchillo. Ese cuchillo no es un cuchillo, siempre he tenido la firme creencia que es otra cosa, algo que parece un cuchillo pero que no lo es ni de lejos. Con el no se puede ni cortar la mantequilla, eso si, los dedos los corta perfectamente.

Visto en un bazar chino
Los establecimientos chinos comercializan mercancías que tienen “forma de” pero que no son para nada lo que parecen ser. Con todo esto, lo que quiero decir, es que los chinos son el escenario donde un profesor de filosofía debería llevar a sus alumnos a ilustrar la alegoría de la caverna de Platón. Si el señor Platón viviera en el siglo XXI nunca hubiera utilizado la historia de la caverna y las sombras proyectadas en la pared para explicar su teoría del conocimiento, utilizaría las estanterías de estos bazares. Los productos que venden los chinos son un simple reflejo o sombra de lo que deberían ser. Supongo que, a la hora de fabricar los objetos, lo que hace el fabricante chino, es reproducirlo a partir de una fotografía (sombra proyectada en la caverna de Platón). El chino, desconoce el material en el que está elaborado el objeto, la escala, e incluso, podría jurar que, haciendo caso a los rótulos e inscripciones de los envoltorios, desconocen su utilidad. El chino representa al prisionero platónico que se encontraba sentado y encadenado en la caverna, solo que, en lugar de estar en la caverna, estaba en un país comunista y cerrado a cualquier influencia occidental. Según parece, siguen sumidos en el mundo sensible y no tienen demasiadas ganas de ascender a ver el sol

sábado, 5 de noviembre de 2011

Tomará forma?

M. Mitchell
He abierto una caja de cartón que guardaba celosamente en el fondo del armario, bajo los jerseis de invierno. Allá donde sé que nadie va a buscar, donde se suelen guardar los joyones de la familia, los regalos sorpresa y las escrituras de la casa. Esa caja contiene seis sentimientos ordenados alfabéticamente. Son pequeños trocitos secados al sol que necesitan hidratarse para tomar forma y volver a la vida. Son duros, resistentes, e indestructibles, sus aristas son cortantes, como los pequeños vidrios que trae el mar y deposita en la playa. Los tenía guardados porque se que hacen daño e intentaba evitar que nadie se seccionara un dedo o algo peor. Soy su prisionera porque son un secreto, y como tales tengo que vigilarlos y custodiarlos. Me los tengo que llevar de vacaciones, acarrearlos en las mudanzas... y estoy harta. Ahora estoy preparada para comenzar a alimentarlos, sacarles brillo, ir haciendo que tomen forma. Eso me va a llevar algún tiempo y mucho esfuerzo, pero sé que lo conseguiré, por eso voy a tener el blog un poco abandonado, aunque se que ya lo tenía.
Cuando todo ese batiburrillo que me ronda por la cabeza tome forma, y consiga poner orden dentro del caos y recopile los cientos de hojas arrancadas y clasificadas de mis moleskines os lo haré saber. Quizá suene pretencioso, pero es así, voy a vomitar todo lo que llevo dentro en ".doc" y cuando escriba la palabra "FIN" ya veremos que pasa.

sábado, 29 de octubre de 2011

Physis

Mariposa Esfinge Colibrí, Pirineos 2011 (Mariví Carro)
Me enamoraste haciendo volar la concha de un reloj. Me asombró esa parábola perfecta dibujada por el bivalvo planeador. Me impresionaste haciendo rebotar las piedras planas sobre la superficie del mar. Me maravilló el dibujo helicoidal creado por las semillas del arce que dejabas caer al suelo. Jugabas con el pueril sentido de la sorpresa que todavía conservo.

Los retazos de infancia que perviven en las personas adultas, son un valioso tesoro, la convivencia pacífica con la naturaleza y la educación que ella nos proporciona desde niños nunca debemos reprimirla, lo importante es alimentarla y disfrutarla.

Este último año en el blog, he hablado mucho de mi niñez, de esa convivencia con la naturaleza que he tenido la suerte de disfrutar. Quizá me repito mucho, pero las diminutas y valiosas vidas que nos rodean y a las que no se les presta demasiada atención, son una representación a pequeña escala de, por lo menos, mi vida. Sus miserias y sus triunfos los hago míos.
Fui una niña solitaria, disfrutaba levantando piedras y descubriendo quién vivía allí debajo, hundiendo las manos en el fango y notando como las lombrices se escapaban entre mis dedos, arrancando carapa de pino para ver los minúsculos arácnidos esconderse, haciendo bolas con las cochinillas… He probado hojas de innumerables plantas y, a veces, Carlos me mira con cara de asco cuando me llevo a la boca algún tallo e insisto a cerca de su sabor dulce. Siempre me advirtieron en casa sobre el teixo, las digitalis, la cicuta y que lo rojo mata. Abrir bellotas y acumular rechonchos gusanos blancos era una distracción más. Me siento muy privilegiada y agradecida de la felicísima infancia que tuve, y ahora, ya hecha una mujer, se que lo bueno que puedo tener como persona se lo debo a aquella época y que mi personalidad sería muy diferente a como es si no hubiera crecido en mi casa con mi familia. Quizá se me hizo duro enfrentarme a la vida adulta, porque yo si puedo decir que viví en Shangrilá.
Tengo en mi memoria la imagen de mi padre, con un pollo de gorrión caído del nido en el puño, durante días, dándole calor y sacarlo adelante. También recuerdo sus reprimendas por llevar murciélagos somnolientos a casa, me obligaba a meterlos en una caja de zapatos y dejarlos tranquilos hasta que, a la noche, los podía soltar.
Mis padres… Por qué me gusta ir con ellos al monte? Por qué amo pasear en su compañía? Porque nada cambió. Porque siguen sorprendiéndose con la vida, y me la muestran, y yo, a mis 32 añazos, aprendo. Porque se maravillan con la obra de arte tejida por una araña como si fuera el rosetón románico de una catedral, porque siguen regalándome arándanos, escaramujos, grosellas, fresas, perucos y abruños como si aún tuviera seis años... porque algún día quiero saber tanto de mariposas como mi madre o encontrarme con un lobo de frente y contarlo… quiero hacer como ella y saber donde buscar, husmear entre la hierba como quien rebusca piojos en la cabeza de un niño y descubrir una diminuta y única orquídea luchando por salir a la luz… entonces te la muestra como quien halla un tesoro, se tira al suelo como una mocosa, enfoca el enorme objetivo de su cámara y dispara.
Dispara a las flores, a las mariposas, a las arañas, a los gusanos, a las aves… y para ella todos son hermosos, el quebrantahuesos es hermoso! el buitre es hermoso! Todos y cada uno de esos pequeños seres están dotados de su diminuta bichonalidad. Pero no solo ella les da valor, su álbum es aplaudido por entomólogos, biólogos y, por supuesto, fotógrafos. Pero yo sé, que a lo que mi madre da valor es a haber disfrutado cazando ese momento, se que se siente privilegiada al acercarse a unos metros de una musaraña sin ser vista e inmortalizarla bostezando, acosar como una paparazzi a las marmotas rollizas hasta que las enfada, y la verdad es que hace gracia verlas cambiar el gesto…

Yo si puedo decir que de mayor quiero ser como mis padres, porque de pequeña ya lo era.

sábado, 15 de octubre de 2011

De espejismos, ilusiones y engaños

Reproducción prohibida o Retrato de Edward James, René Magritte (1937)
Una intensa luz revolotea en la azotea. Traza serpenteantes dibujos que quedan cincelados en mi retina. Cierro los ojos y aún los veo unos instantes, pero es tan breve su permanencia que no puedo memorizarlos. Caminos incandescentes que nerviosos colisionan, como moscas contra un vidrio, una y otra vez contra la bóveda hasta resquebrajarla, intentando abrir un óculo damasceno.
Un círculo perfecto por el que pase una luz que lo ilumine todo, bañando los elementos que me rodean y, evitando así que me golpee una y otra vez contra ellos. Si solo se revelaran un instante! como hacen los relámpagos en la noche, que iluminan el paisaje un solo segundo, creando un alba de luz azul que dura un momento.
Que alguien me muestre donde está colocada la vara de avellano. Dónde está el trazador de líneas rectas? a tientas, palpando en la espesa y cargada opacidad de mi ático, es fácil tocar una ratonera, quebrar los dedos bajo el rápido látigo del muelle. Necesito una senda sin bifurcaciones ni confluencias, sin cruces ni encrucijadas. Abrir los ojos y ver la realidad.

viernes, 14 de octubre de 2011

Jortazo


Ralph Steadman, Animal Farm  

Como las harpìas ladronas de comida, pero no tan nocivo como el tóxico aliento de la desesperanza. La ausencia de sueños es más letal que la falta de alimento. La falta de un norte duele, la vida duele, la impotencia mata. Porque de ilusión también se vive, porque el alma se alimenta de la materia de los sueños, combustible y motor de vida. No estamos hechos para callar. No estamos diseñados para ser autómatas sumisos, aún cuando enfundados en el traje de obediente complacencia aparentemos ser corderos, y es entonces cuando los circuitos internos se recalientan y chamuscan.

He crecido salvaje, repasando las hendiduras de las cortezas de los árboles, he aprendido a observar en silencio, a no tomar partido por el gusano o la hormiga, por el cangrejo o el camarón. He visto cerdos cantar un gaudeamus y disfrutar de cada bocado, engullir, cebarse… pero siempre les llega un sanmartín de la mano de quién los alimentó.




viernes, 16 de septiembre de 2011

Una vez corrí tanto...


Después de la tormenta, Winslow Homer (1899)

Una vez corrí tanto, tan asustada, y tan rápido que el pecho se me abrió, se secó y dio paso al sabor metálico de la sangre en la boca. Corrí tanto! intentando no pensar en el dolor, una vez dejaron de arder mis piernas, dejé de sentirlas; una vez cesaron los golpes en la planta de los pies empecé a notar el clavar de los huesos en el suelo. Fui tan veloz que mis ojos se cegaron con las lágrimas. Corrí tanto que me ahogué y cientos de capilares rompieron en mis párpados y quedaron en ellos dibujadas sus trayectorias rojas.  
Dejé de correr y caí al suelo, con la voz enmudecida reí, tosí, escupí sangre y saliva... tirada sentí mi pecho abierto como el de una nécora, mis ojos sólo vieron estrellas... intenté beber y vomité, intenté levantarme y caí...

Alguna vez has corrido así?

sábado, 10 de septiembre de 2011

Dafnis y Cloe

Dafnis y Cloe, Cortot (1824)
Apenas puedo recordar el momento en que cambió todo, el momento en que dejamos de ser pequeñas y domésticas deidades y fuimos expulsados del edén, de nuestra minúscula parcela en Shangrilá que creíamos, nos pertenecía por derecho propio. Nada ni nadie podía hacer tambalearse ese Aleph sostenido en equilibrio perfecto, ese mundo disciplinado y eterno en el que no había lugar para el dolor ni el sufrimiento.

Dejamos de ser animales salvajes para adaptarnos a la civilización, abandonamos las ramas de los árboles, encontramos la vergüenza, el pudor, y el croar de las ranas se hizo inaudible.

Qué nos llevó a caer tan profundamente en el olvido? qué nos llevó a volar tan alto en el orgullo? qué nos llevó a escondernos tan miméticamente en la indiferencia? Magníficos ejemplares, felinos que dejaron de serlo. Elásticos seres hermosos que no volverán, pequeños, finos, atezados… Obsesionados por la existencia, intrigados por sus cambios, enamorados del humus que cubre la vida, cuidando la pátina de la experiencia, guardándola como oro en paño, sacándole brillo con el vaho y la manga.

Y me miro al espejo y descubro lo poco que he cambiado. De mi vergel solo he sacado un pie y ha cogido frío.

martes, 9 de agosto de 2011

El barrio chino

La intriga. Ensor (1890)
Casi puedo verlo si cierro los ojos, lo oigo, lo huelo. Me dejo llevar a los años de la posguerra, mi mente vuela a los tiempos en que el hambre y la necesidad eran fruto de la cruel dictadura. Solo tengo que pasear por Ferrol Vello, levantar la vista hacia esas fachadas que se desmoronan piedra a piedra, teja a teja, cristal a cristal… mi alma se transporta a aquella época sin esfuerzo, porque desgraciadamente, la arquitectura de esas calles sinuosas, poco o nada ha cambiado.

El agua se encharcaba en los resquicios del adoquinado mal pavimentado. Los pequeños hoyos y los baches, reflejaban las luces del puerto como trocitos de un vidrio roto en mil pedazos. Las prostitutas se paseaban por el muelle, abrigadas del gélido viento con escasa ropa, y caminando sobre altos tacones, tarea harto complicada sobre un suelo tan irregular. Los marineros andaluces, vestidos de blanco, cantaban en la calle con los corazones encharcados de fiesta y alcohol. Para muchos, era su viaje iniciático, el que los convertiría en hombres. Para otros, sería la primera y quizá la última vez que saldrían de sus pueblos.
Puedo ver a una oronda madame sin dientes, carcajeándose como una gallina, ofreciendo sus muchachas a los hombres del mar. Puedo ver una pelea tras la esquina, un hombre embotado por el vino pega a otro mientras un corrillo los jalea. La calle está iluminada con farolillos de colores que arrojan a los rostros su luz espectral. Veo a un muchacho vestido de mujer, su mal maquillaje le dibuja una mueca triste de payaso. Un perro duerme en una esquina de un portal, esperando que alguien abra la puerta. Gritos, risas, música de un acordeón, ruido de cristales rotos, juramentos en mil idiomas…
Primero fue el muelle, luego el cuartel de instrucción, y más tarde, como compañero natural, surgió el barrio chino, oculto en las callejuelas serpenteantes de la ciudad vieja. Las luces rojas marcaban la calle principal, que arrancaba insolentemente del muelle. Mas tarde con el decoro hipócrita de la dictadura, se colocó un enorme edificio telón intentando ocultar el popular barrio, dando la bienvenida con una hermosa cara a los que llegaban a la ciudad por mar. A partir de ahí, el acceso a la calle se hacía atravesando una especie de arco triunfal colocado en los bajos de dicha edificación, una puerta que hacía que los habituales del barrio lejos de amedrentarse por ese marco arquitectónico, se sintieran como Jesucristo entrando en Jerusalén, como Tito llegando a Roma con el Arca de la Alianza y las menorah de oro.
Hoy en día, como un intento de dignificar, lo que en otro tiempo significó el pecado, lo sucio y lo miserable, la iglesia decidió convertir esta calle en el inicio del Camino de Santiago, en el inicio de un peregrinar hacia lo sagrado. Piensan que han puesto a habitar en esta calle un pedazo de Patrimonio de la Humanidad, de lo que no se dan cuenta, es que lo que antes aquí habitaba, también lo era.

Piel muerta

A tiras vamos arrancando la pátina que el tiempo va dejando sobre nosotros.


Niño espulgándose, Murillo (1650?)
Las postillas arrancadas dejan una pequeña herida en la piel, pero descuajándolas, por fin acabamos con la comezón que nos mortifica. Hartos de rascarnos en círculos en torno a esa costra, con cuidado para no arrancarla, esperando ansiosamente el momento en que esté en su punto para eliminarla. Sabemos que el picor es una molestia que merece la pena sufrir, porque si somos ansiosos y la arrancamos antes de tiempo, el dolor vuelve a nosotros y la herida tendrá que apostillarse y endurecerse de nuevo. Pero si esperamos estoica y pacientemente, el sacrificio será recompensado, la costra caerá sola y poco a poco saldrá a la luz la tersa, lisa y suave piel nueva.

Séneca decía algo así como “el tiempo cura lo que la razón no puede” y estoy convencida que, ante una herida abierta en el alma, lo único que hay que hacer es esperar que el tiempo nos distancie del golpe, lo haga borroso y lo difumine en la lejanía, hasta dejarlo como una leve sombra. A veces hay daños colaterales, impuestos que tenemos que pagar, y el tiempo se lleva con él detalles que no quisiéramos olvidar, como un tono de voz, una cara, un aroma…

viernes, 5 de agosto de 2011

"Vemos las cosas, no como son, sino como somos nosotros"

Stromboli, R. Rossellini (1950)
Solo sé escribir sobre las púas que desgarran la tersura de la vida. De los fallos e imperfecciones que se dibujan en una buena piel. Creo que la belleza de nuestra existencia reside precisamente en todo lo contrario, lo antiestético, lo vergonzoso, lo inmoral… si conocemos esa parte deforme de la realidad, sabremos identificar lo bello a cada paso. Respirar profundamente una mañana de verano y notar como la luz del sol llena los pulmones de energía naranja. Acabar esa inspiración con una gran sonrisa y ver colorearse las hojas de los árboles, una a una, apreciar como lentamente comienzan a contrastar con el cielo azul del fondo, diferenciar sus colores verdes, amarillos, marrones… Y todo eso gracias a la triste y oscura luz plomiza que en invierno inunda nuestras salas de estar y nuestras almas.

Las pasiones son el antídoto al aburrimiento. Los sentimientos, los impulsos, el ánimo, el humor… cuídame dios de las aguas mansas… siempre me ha gustado la gente que está viva y lo demuestra. La gente que sin vergüenza habla de sus entrañas. De lo que le corroe las paredes del corazón. Quien no ha estado nunca enamorado, no está vivo. Quien no ha dado nunca una bofetada, o la ha recibido, no me interesa. Para amar hay que odiar, para ser feliz hay que sufrir. Desecho las líneas rectas, no me interesan, la perfección siempre viene de la mano de la infelicidad, pero no es su fruto.

martes, 2 de agosto de 2011

Al norte del Norte

Soñaba con viajar hacia el norte, donde la luz es azul. Soñaba que se enamoraría de aquellas tierras y no querría volver más. Por dentro era como un paisaje boreal, y tenía la firme convicción que allí se sentiría feliz al fin. Sentía la necesidad de mortificarse con el frío, de purificarse. Tener una razón real para fatigarse al caminar, que las heridas de su alma se tradujeran en tez despellejada por viento álgido. Sus pensamientos alcanzarían una nitidez propia de la claridad glacial y por fin estaría todo en su sitio.  La ira del mar del norte azotando las rocas afiladas sería una medicina para el corazón.
Una vida simple y austera, envuelta por tablones de pino con la despensa llena de carne seca. Una vida en soledad,  en el fin del mundo. No es eso el cielo? pensaba

viernes, 29 de julio de 2011

A quién no le ha pasado?

Perkins en Psicosis de Hitchcock (1960)
Suena y suena. Busco en el bolso y no soy capaz de encontrarlo. Noto su vibración en la correa que llevo sujeta al hombro. Entre las bolsas de las tiendas y el paraguas no hay quien encuentre el maldito móvil. El mal humor empieza a palpitar por mis venas. Juro en voz baja y me acuerdo de los muertos de la persona que me está llamando. Me abrigo en el zaguán de un edificio y tiro todo al suelo. El paraguas abierto sale rodando y aterriza contra una puerta de vidrio haciendo un ruido exageradamente alarmante. Al otro lado del cristal, la mujer de la recepción levanta la vista sobre el mostrador y me mira inquisitivamente. Le sonrío y vocalizo la palabra “perdón”. Acto seguido murmuro “que te den”. Sigue sonando. Las bolsas estranguladoras se resisten a dejar mi muñeca libre. Acabo desembaranzándome de ellas quitando el reloj, una pulsera y el anillo pedrusco, no había opción. Abro el bolso y vacío todo su contenido sobre el mármol. Tres llaveros, una cartera, un monedero, un tarjetero, un lápiz, una agenda, tres bolígrafos, un paquete de pañuelos, un tampax, una barra de labios, un lápiz de ojos, un bloc, un afilalápices, una piedra de cuarzo, un libro, unas pinzas, una goma del pelo, un espejito, un muñeco Piglet y un paquete de chicles… y por fin el móvil… pulso la tecla verde.

- Si?.

- Buenos días, me llamo Mariflores Gómez, le llamo de vodafón…



(tu tu tu tu tu tu tu tu tu)

jueves, 28 de julio de 2011

Reviraventos


Caronte cruzando la Laguna Estigia, Patinir (1521)

Torce e retorce o ár cas súas unllas de agulla
maino, paseniñamente, acuogado
cá minuciosidade dun reloxeiro toma os fíos invisibles
os anoa, os enmaraña, os enlea, tecendo redes
para sair a pescar soños.
Brinca con pulo entre os tellados
asexa, dende as fiestras
espreita entre as fisuras das contraventás
vixía quedo nos cabeceiros
desprega súa rede sobre os durmintes, e nos rouba.
Os ollos secos do fume negro
os cornos negros do fume seco
longa saia que non agocha as zancadas de cabuxa,
precisión de morte gadaña
saco cheiño de soños dos que non han espertar.

Débolle a Caronte unha moeda por cada soño
Nun ollo levarei unha de ouro por quen se foi entre lamentos
Noutro ollo levarei unha de prata por quen se foi antes de tempo
E levarei na boca unha de bronce por quen se foi en paz

miércoles, 27 de julio de 2011

Frío, pereza, luz gris


My bed, Tracey Emin (1999)

Sábanas húmedas, ventanas entreabiertas que baten acompasadamente
Humo de un cigarrillo abandonado desde un cenicero en el suelo
El olor a café desde otro piso
Pelo enmarañado
El murmullo de una televisión
La realidad es más nítida, los perfiles se dibujan en las sombras
Tictac desde la sala
Patas que rascan con sus uñas la tarima
Un grito ahogado, una carcajada, la calle
Mi cintura parece mas estrecha, casi la rodeo con las dos manos
Rugidos
Frío, pereza… luz gris


viernes, 22 de julio de 2011

"Nel mezzo del cammin di nostra vita, mi ritrovai per una selva oscura"

Grabado para La divina Comedia. G. Doré (1847)
Ser consciente de la importancia de un momento en el preciso instante en el que está ocurriendo. Saber que ese segundo, esa coyuntura, no se repetirá más.
Intuir que la añoraremos en un futuro, da como fruto una sensación agridulce. Una especie de amargor bañado de impotencia. El querer que no se acabe nunca hace que no lo disfrutemos plenamente. Advertir su naturaleza efímera, pasajera, su cercana muerte nos hace desear un minuto eterno.

Hace tiempo que me viene rondando por la mente la fugacidad del tiempo. Antes, las Vanitas no me decían nada, ahí estaban, calaveras cargadas de mariposas, rodeadas por relojes de arena, velas derretidas a punto de apagarse, piezas de caza llenas de moscas, flores mustias… No entendía esa recurrencia a la fugacidad del tiempo, collige, virgo, rosas… que manera de aguar la fiesta! déjame vivir en la felicidad del ignorante!

Mi existencia perfecta y despreocupada, la certeza de que era un ser inmortal al que nada malo puede ocurrir, el castillo en el que vivía construido a base de perfección, excelencia y superioridad se vio arrasado cuando desapareció la piedra angular que lo sostenía. No nos preparan para lo malo. Nos educan para triunfar, para ser invencibles, pero cometen el gran error de sobreprotegernos. Nos llevan hacia la meta, pero con orejeras de burro para no distraernos. Si en algún momento se nos ocurre girar el cuello y observar lo que hay en la cuneta, el mundo se tambalea.

Discernir el final de las cosas nos abre la puerta a la edad adulta, lo malo es que siempre lo descubrimos dolorosamente. Mi madre siempre me dice que la adolescencia me llegó tarde, desapareció ya bien entrada la veintena, y la verdad, siendo sincera, casi viví la infancia a mi manera hasta la mayoría de edad!! aún ahora conservo mucho de mi yo infantil, lo poco que me dejan. He vivido la niñez más feliz que se pueda tener y quizá por eso me ha marcado tanto. Las sutiles manías y los pequeños juegos que conservo desde que tengo memoria, me permiten sentirme en casa dentro de mi pellejo.  Pero cuando la vida muestra su dureza lo hace en forma de sonora bofetada que marca la mejilla de la niña que llevo dentro, esta se va encogiendo y dejando paso a la adulta realista, estoica, añorante...

viernes, 15 de julio de 2011

"Como un pájaro sin luz"

The Telephone, Tamara de Lempicka (1930)
Esa voz perdida, que retumba en mis oídos
como el eco de un pasado muy lejano
reverberando en los largos pasillos del tiempo.
Rebota como una pelota de caucho,
imparable, demoledora, dañina.
A cada golpe destruye una pequeña parte de mí
percutiendo contra el tabique putrefacto
abriendo heridas sobre las cicatrices aún frescas.


 
A golpe de teléfono vuelve,
y en forma de hilo abrasivo se filtra por el auricular
un sabes quién soy retórico y absurdo.

viernes, 8 de julio de 2011

Pretérito perfecto, presente sublime

Descalzos por el parque, Gene Saks (1967)
Días de gorros de lana tejidos con cariño,
de bufandas de punto grueso colgando a la altura de las rodillas
(pobre Isadora Duncan!).

Días de callejear entre risas por las avenidas, con la nariz helada, goteando… haciendo volar las hojas secas de los plátanos con el empeine.
Días de mitones para poder fumar
(hermosa Marlene!).

Días de vernos en un café, mirarnos a los ojos y calentarnos las manos con la taza.
(Bloom y Dedalus filosofando!).

Días de paraguas rotos, robados en cualquier portal, abandonados en cualquier papelera.
Días de pelo largo enredado por el frío.
Días de trenes calientes, buses fríos, cálidos paseos de la mano con los pies mojados.
Días de necias peleas por estúpidas banalidades apasionadas
(Jeanne y Amadeo en Montparnasse!).

Días y más días fabricando mortero, estudiando aparejos, metros y metros de quadratum tallado con nuestras propias manos. Lo hemos hecho, lo hemos construido. Alto, recto, hermoso, imponente, limpio. Ahí está, levantado como un obelisco, brillante y orgulloso. Te quiero.


viernes, 1 de julio de 2011

May y Dami

Tengo una amiga que apenas veo, una amiga a la que me gustaría tener viviendo en la puerta de enfrente. Nos separan muchos kilómetros de distancia, pero cuando nos reunimos es como si no pasara el tiempo entre visita y visita. Para mi es una persona muy especial. Últimamente y debido a que trabajamos 6 días a la semana se nos hace imposible poder quedar. Pero ambas sabemos que no pasa nada.

Tengo un amigo que apenas veo, con el que me gustaría poder jugar al ajedrez y a las cartas y enfadarme porque siempre pierdo. Dentro de mi vara de medir se lleva la máxima puntuación de la escala, la que lleva rotulado “es lo que ves”.
Mi amiga y mi amigo viven juntos, y hace tantos años que les conozco que para mi son como de la familia, como unos primos hermanos. Cuando voy a su casa me siento tan en la mía que se me olvida. A veces no hace falta que existan lazos de sangre para unir a las personas. He compartido con ellos más horas de mi vida que con parte de mi familia. Hemos hecho tantas cosas juntos! estudiado, convivido, reído, llorado, dormido, viajado…
Siempre he congeniado mejor con los chicos. No creo que el hecho de que dos personas se entiendan tenga que ver con el género, pero en mi caso tengo muy claro que si. Creo que eso me pasa porque las mujeres me intimidan. Con mi amiga es diferente, será que en lo básico nos parecemos, porque en lo “accesorio” no podemos ser más distintas. Cuando estoy con ella es como estar frente al espejo, puedo contarle cualquier cosa sin sonrojarme, confiarle un secreto, hacer el garrulo, decir burradas todo el día… da igual.

Mis amigos son de las pocas personas que saben como soy, me conocen, saben como me duele el corazón, como se me va la olla o como se me alegra el alma.

Es difícil encontrarse con alguien que te acepte como eres, que no te juzgue, y te quiera, y lo que es mas importante, demuestre año tras año. Yo los encontré.


Os quiero muchísimo, os echo muchísimo de menos.

jueves, 30 de junio de 2011

La obesidad infantil

Cristo con San Juan y los Ángeles, P.P.Rubens (1602)
Una noticia publicada hoy en varios diarios me dejó bastante preocupada. Revela que casi la mitad de los niños españoles padece obesidad o sobrepeso. Pero lo que peor sabor de boca me dejó es que el perfil lo marcan niños de las familias más desfavorecidas. Yo no hago más que ver esta noticia como un síntoma más de la crisis.

Hace años, en la National Geographic, leí un reportaje que me heló la sangre. En uno de sus puntos trataba el tema de la obesidad, si, ya sabemos que los estadounidenses no son un buen ejemplo en cuanto a hábitos alimenticios, pero lo que realmente estaba denunciando era un tremendo drama. Cuando en 2005, el huracán Katrina devastó el centro y sur de los Estados Unidos, mucha gente se quedó sin nada. Así estuvieron (y están), esperando a que las ayudas llegaran. Mientras tanto sobrevivían como podían. Muchas familias se veían obligadas a sobrevivir alimentándose de comida basura, más barata y cargada de calorías vacías. Recuerdo una foto de una obesa familia afroamericana (minoría más castigada por este desastre) sentados en un desvencijado sofá entre las ruinas de lo que un día fue su hogar, comiendo barritas de chocolate y patatas fritas.
Detrás de muchos de esos casos de obesidad de los que habla hoy el periódico, no digo que haya hambre, pero si comida de mala calidad. Porque 100 gr de chorizo, media barra de pan y una manzana para una merienda cuestan lo mismo que un paquete de pan de molde y un vaso de nocilla que duran una semana. O una chuleta con patatas cuestan lo mismo que un paquete de pasta y salsa precocinada que dura más.
El tabaco mata, pero la obesidad también. Los niños a los que se refiere la noticia tienen edades comprendidas entre los 6 y 9 años y a esas edades es cuando tu cuerpo define como va a ser tu constitución y el ritmo metabólico del resto de tu vida. Estos niños podrán padecer enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, apnea del sueño, ictus, osteoartritis, algunas formas de cáncer, padecimientos dermatológicos y gastrointestinales.
Esto si es un problema señores del gobierno, y no le echen la culpa a la ignorancia de los padres (L. Pajín dixit), que estoy segura que prefieren darle a su niño un plato de frutas con cereales para desayunar que un bollo asqueroso fabricado a base de grasas animales y sucedáneo de chocolate.
Me pongo enferma…

sábado, 25 de junio de 2011

Vidas pequeñas

Arbustos, Van Gogh (1889)
Hacía mucho calor,  me senté en la piedra del lavadero y muy despacio apoyé mis pies en el fondo. Aún con todo el cuidado que puse, no pude evitar que el limo resbaladizo y suave enturbiara el agua. Cuando las pequeñas partículas de fango se hubieron depositado otra vez en la piedra, pude ver una familia de tritones intentando pasar desapercibida. Cerca de mis pies, donde los sillares habían quedado al descubierto, unos pequeños gusanos blanquecinos se retorcían exageradamente, imaginé que estaban protestando porque los había despertado de un sueño reparador quitándoles su mantita de limo. Debido al desuso de la construcción la mitad de su superficie estaba cubierta por lentejas de agua de un color verde intenso. Me entretuve un rato mirándolas, intentando separar visualmente sus hojas, pero al final decidí darme por vencida y concebir ese manto verde como un todo. Levanté un poco la vista, y del mismo color que las lentejas descubrí, no sin un pequeño susto, una mantis. Allí estaba, paralizada, al acecho de sabe dios qué. Junto con las libélulas me parecen los insectos más hermosos y elegantes.  Me cansé de mirarla, apenas se movía, saqué mis pies del estanque y me fui.
Cuanta vida descubrimos si nos fijamos bien y que entretenido es observarla.

viernes, 24 de junio de 2011

Anastilosis

Vienes con el corazón cimentado en ruinas, pero rehabiliatado.
No con una de esas espantosas restauraciones de vidrio y acero, sino con una de carne y sangre.
Y con esa bomba parcheada te lanzas a buscar otro corazón para que bombee tu sangre,
que sirva de marcapasos, que corrija esas arritmias monstruosas que te asustan tanto. 

Podrías haber volado más alto, pero eso no te permitiría ver el suelo.
De que vale perder la perspectiva?
Ser consciente de todas las cosas que te rodean pero no tener el menor control sobre ellas.

Buscas en todos los rincones, sumerges tus manos en el lodo y empujas hacia abajo,
hasta llegar a la superficie dura y llena de grava.
Te quedas ahí, notando como las lombrices se enroscan en tus dedos muy suavemente, pero no encuentras nada.

Eras un dios, un titán, un angel,
ahora eres como la Criatura, erigido a base de despojos que las alimañas han dejado,
te lo has buscado con cada puñalada.

La primera vez que me traiciones, será tu culpa; la segunda, la culpa será mía


Chismorreos, N. Rockwell (1948)

La gente se merece una oportunidad, o dos. Quizá vengan contándote cosas de los demás, que si no son de fiar, que si son unos falsos, que si a la mínima te la clavan.

Ok! Deja que me la clave, deja que me traicione, deja que atente contra el octavo mandamiento sobre mí… no se puede aprender en la experiencia ajena. Me niego, siempre lo he hecho, a prejuzgar a la gente. A veces me sale bien (la mayoría) y otras me sale fatal. Pero lo importante es no ser un cabeza hueca haciendo caso de las habladurías. Muchas veces he sido la única amiga de alguien, y eso me ha reconfortado. Otras veces me han manipulado, han tergiversado las cosas y por arrimarme a quién no debía he perdido a “amigos” pero lo he hecho por mi cuenta y riesgo. Sabía que podía pasar pero siempre tuve esperanza en que no ocurriera. Estoy harta de la gente que no para de hablar de los demás. De la gente que insiste en que no debes hablar-quedar-tratar con otra persona “por tu propio bien”. Una cosa si tengo muy clara, yo no me pongo los vendajes hasta que me hago una herida.

jueves, 23 de junio de 2011

Engranajes y muelles

La Petite Danseuse de Quatorze Ans. Degas (1881)
Motor de muelles  al que doy cuerda hasta que la manivela comienza a clavárseme en el dedo. Al principio el cilindro remachado gira descontrolado reproduciendo una música veloz y alegre, pero conforme van pasando los minutos el giro se ralentiza y las púas del cepillo tardan en desengancharse de los remaches y entonces es cuando entonan una musiquilla triste. Dicha musiquilla tiene una duración bastante mas larga que el desorden del primer momento. A veces cierro la tapa y coloco a la bailarina coja encima. Baila sin parar, con su tutú descolocado y su eterno rond de jambe. Se mueve como un fantasma sobre el cristal de espejo, una autómata que se desliza enajenada y frenéticamente. Pero es hermosa, a su manera lo es.  Me quedo escuchando, esperando a oír sonar la última nota, que es siempre la que queda sonando en los oídos.
Clin! Se acabó.

miércoles, 22 de junio de 2011

Mi mundo

Siempre he disfrutado de la soledad, no soy una persona que se aburra fácilmente, forzosamente he aprendido a estar sola conmigo misma. Quizá mi mundo interior sea un hermoso y extenso país, lleno de cosas por descubrir, o quizá sea todo lo contrario, y se trate de una diminuta república bananera, pero el caso es que nunca me canso de mirar hacia dentro. Veo cosas que me gustan, cosas que se han ido construyendo a lo largo de mi vida, mis padres me han hecho vivir la infancia más feliz que se pueda tener, siempre he sido una niña muy alegre y muy fantasiosa. Mas tarde mis amigos me han regalado una adolescencia llena de éxitos y buenas experiencias, en la que no recuerdo que fuera “una edad difícil”, y ya en mi llegada a la edad adulta, mi amor, con el que comparto mi vida desde que tenía apenas 20 años me ha proporcionado la seguridad y la estabilidad que todos buscamos.

Pero también las malas experiencias dejan huella. En ese mundo interior también hay delincuencia, frío, hambre… A veces, ese mundo crece, y crece tanto que empieza a salir hacia fuera, a invadir el exterior, como cuando cae un jarrón y el agua resbala por el suelo mojándolo todo, encharcando un perímetro en torno a mí. En ese momento es cuando empiezo a perder la perspectiva y me cuesta un esfuerzo titánico mantener una postura recta. Los livianos pensamientos que pasan como una ligera brisa de verano por mi mente, empiezan a tener peso, a soplar con fuerza y a venir acompañados de arena y polvo.

martes, 21 de junio de 2011

Luz de verano


Mi hermana, mi prima y yo.

 Y ahora vendrá esa pálida luz amarillenta que delimita los contornos y los hace brillar, esa luz vespertina que alarga las sombras hasta el infinito. Es la luz más mágica del año, me hace soñar. Me trae el recuerdo de la paja amontonada para el ganado y su olor dulzón.
El primer recuerdo que conservo es bajo esa luz, sentada en un campo, con la hierba dorada tan alta que lo único que veía era una pelota azul alzarse al aire. Recuerdo aquella tarde de verano cuando apenas tenía tres años y es el lugar a donde viajo cuando cuando necesito escapar sin moverme del sitio.

lunes, 20 de junio de 2011

Como una de esas personas que no me gustan


El hada ignorante, R. Magritte (1957)


 Una finísima linea de sol, cegadora; una división de seda arácnida, unos tapones de cera en los oídos... el verme de pasada en el espejo, sin fijarme demasiado. El escuchar solo lo que me gusta, el resto suena a ruido simplemente. No intentaré volver a hacer logaritmos, ni a estudiar latín. Ni me cortaré el pelo nunca más. Y caminaré por la sombra a mediodía. No volveré a exagerar, ni a adornar, ni a colorear los platos que cocino. Seguiré sin usar almohada ni pijama y seguiré caminando descalza.
Lo que no se ve no existe y yo no veo muchas cosas.

y qué?

sábado, 18 de junio de 2011

"Chi ha visto la bellezza con i suoi propri occhi e già nelle mani della morte..."

Muerte en Venecia, Luchino Visconti (1971)
Como quién lee un buen libro: la primera vez para probarlo, degustarlo; la segunda para diseccionarlo, la tercera para entenderlo, la cuarta para convertirlo en litúrgico y la quinta para disfrutarlo. Pocos volúmenes se ganan la honrosa gloria de acabar destrozados, sucios, anotados, doblados, estriados, despegados, pero guardados como oro en paño.
Hay películas que también nos dejan una impresión fuerte en la retina. La última que me dejó esa cicatriz y que estoy deseando volver a ver es “Morte a Venezia” de Visconti. Es poesía pura y dura… y Malher. Lo único que diré es que la escena final es la más hermosa que he visto en mucho tiempo. Siempre me había dado pereza ponerme a verla, es una de esas películas que tienes que “tener el día”, y el viernes pasado lo tuve. Pena no haberlo tenido antes.


Recomendada.

viernes, 17 de junio de 2011

Adiós!

Oía el crujir de la cadena de la bicicleta al pasar por los engranajes llenos de arena. Con el sol de frente y el aire abrasador quemando sus mejillas iba como cada tarde a refugiarse del viento en las rocas. Pero esa tarde era distinta. Esa tarde iba sola. Llevaba una gran sobrecarga granítica: una piedra en el estómago que se movía de un lado a otro hiriendo sus paredes; una piedra en la garganta que a penas le permitía tragar saliva, cada trago le hacía padecer un dolor indescriptible; una piedra sobre los hombros, que la hundía en si misma; una gran losa sobre el pecho que a penas de dejaba respirar.

Todo era él. Él que se había ido sin despedirse. El camino seco delimitado por gramíneas polvorientas era él. El mar azul destellante y cegador era él. Los cerezos inmensos, exuberantes, eran él. Cada piedra, cada bache, todo era él. Él.

Un golpe de viento levantó una nube de polvo forzándola a frenar la bicicleta. Con los ojos cerrados decidió no frotarlos con las manos, simplemente se abandonó al llanto. Y lloró, y lloró tanto que los ojos se le limpiaron. El llanto se transformó en hipo. Estaba tan agotada, cansada, exhausta, débil… podía sentarse allí mismo, en la cuneta, esperar a calmarse, fumar un cigarrillo, mitigar quizá el dolor lo suficiente como para volver a casa. Pero decidió seguir su camino, tenía que ir, porque allí se sentiría más cerca de él.

Castro e illa do Mourón. Ría de Ares
Al final del sendero se levantan los dos grandes montículos que conforman el foso la croa defensiva del castro. Un arrogante eucalipto, insolentemente descomunal había crecido envalentonado en el medio del foso cerrando casi por completo el paso. Alguien había colgado de una de sus ramas un cabo y de ese cabo un madero. Se bajó de la bicicleta y la empujó de mala gana a un lado, lanzándola con fuerza deliberadamente contra el suelo. El dolor estaba creciendo a pasos agigantados y la tristeza estaba replegándose dejando paso a la ira. Agarró el madero y escaló arrastrándose hasta la cresta del muro. Cuántas veces se habría columpiado en el castro? Los dos. Agarró la soga lo mas alto que pudo, y de un salto colocó el madero entre las piernas, sentándose sobre el. Cerró los ojos y se dejó llevar. El pelo se le apartaba de la cara para volver sobre ella violentamente, al compás del vaivén. Durante esos segundos la mente quedó en blanco, descansando, pero al final el trapecio se convirtió en el balancín de una decrépita mecedora. Y la pesadumbre volvió. Abrió los ojos y observó el enorme árbol, con la corteza agrietada y desconchada. Se preguntó cuántas veces se habían besado bajo su sombra?

Y de tanto mirar al árbol en el se dibujó una cara, y luego un cuerpo. Se acercó y lo vió allí apoyado, con una pierna flexionada y las manos tras la nuca. Sonreía como hacía siempre. Ella levantó una mano hacia su rostro y lo acarició. Entonces desapareció, pero esta vez para siempre.

martes, 14 de junio de 2011

Mímesis

Quien puede matar a un niño. N. Ibáñez Serrador (1976)

Con las manos llenas de tierra, las uñas negras,
la cara manchada por el polvo del camino.
El pelo enmarañado en una larga trenza deshecha de colas de ratón
y arrastrando los pies descalzos con la planta de carapa de pino
Los hombros despellejados por el sol
los ojos azul mar, el pelo amarillo paja
la piel marrón tierra…

viernes, 10 de junio de 2011

Lejos

E. Sedgwick
Con ellos mi alma volaba a lo mas oscuro de las miserias pero eran miserias tan humanas que no puedo dejar de amarlas. Esos trozos de vida, esos retales de los que no se puede aprovechar nada porque no casan, pero que nos regalan una hermosa colcha de patchwork. Esa gente a la que se le da desastrosamente mal el arte de vivir, que lo saben y lo sufren, que se anestesian para poder sobrellevar el dolor de esta vida que no comprenden. Esa gente que se apaga pronto y se va. Esos seres intensos que nos hacen vivir, a los que buscan los problemas, que los atraen como la miel a las moscas. Alguna vez se han cruzado en mi vida, más de una vez los he vivido, sufrido y disfrutado. Y me he despedido entre lágrimas. Sus locuras, sus pasiones, sus aspiraciones inalcanzables yo también las he vivido, aunque un poco apartada, desde mi perspectiva, en silencio, para no contagiarme, para no infectarme de esas ganas de vivirlo todo en un momento.
Ahora, en las viejas fotos que me llegan últimamente, veo caras que ya no están, veo otras que están pero ya no reconozco ni me reconocen. Gente a la que me unieron lazos más fuertes que el acero pero que ahora apenas dedico un pensamiento involuntario de vez en cuando. Se despiertan en mi interior sentimientos extraños, dormidos desde hace siglos y me veo más que nunca a años luz de aquellas caras.

Y después qué?

No nos gusta hablar de la muerte. Quizá sea porque nos pone tristes o porque llevamos el ancestral respeto a los muertos tatuado a fuego en los genes. Tal vez sea por no querer recordar el mayor de los dolores que sufre un ser humano, la perdida de un ser querido. El caso es que yo procuro hablar de los que se fueron, primero entre llanto con el pañuelo en la mano y luego poco a poco ganando la normalidad. Quizá sea una tortura para algunos, mencionar en voz alta a la persona fallecida, decir lo mucho que le gustaba esto o aquello, lo bien que cocinaba, lo buena persona que era, el genio que le salía a veces. Coger un álbum de fotos y recodar los buenos momentos… en resumen, no condenar al olvido a esas personas que fueron tan importantes en vida para nosotros. Me niego a que se me rompa el corazón al recordar a mis seres queridos, quiero hacerlo teniendo presente el inmenso amor que sentía por ellos y que su recuerdo me haga feliz. Por eso creo que es muy importante hablar de ellos y no evitarlos en las conversaciones. Desde luego no estoy diciendo que haya que revivir el momento mas doloroso una y otra vez, ni llevar las conversaciones hacia ese tema de manera obsesiva, solo estoy diciendo que hacer como si nunca hubieran existido es la peor de las soluciones para sobrellevar una pérdida.


Creo que la muerte forma parte de la vida, es una fase más, muy triste, y más si quien nos deja lo hace a destiempo, pero hacer de este hecho algo natural, nos ayuda a sobrellevarlo.

Mi pareja y mi madre que son como yo, no entienden de tabúes y con ellos llevo llorado más de un mar de lágrimas. Y gracias a esos mares que desahogan, hoy puedo recordar y ser feliz recordando.

jueves, 2 de junio de 2011

“Sí, tan solo que te apartes porque me tapas el sol.”

Hopper. The Long Leg (1935)
Si algo tiene de bueno el no querer formar una familia tradicional, no tener propiedades (entiéndase inmuebles,  y muebles pocos y prescindibles), es que en cualquier momento, cuando tu vida no te guste, o te vaya algo mal, puedes reconfigurarla como te plazca. Como cuando deshaces un lego para volver a construir. Otra ventaja esta en que no tienes porqué dar importancia a las clásicas amenazas laborales ni a las presiones trabajiles. Y no es que esté falta de ambición, es que yo soy feliz con muy poco. Quien me conoce, lo sabe, y quien no me conoce y me lee, también. Una vez, alguien me contó, que para trabajar en unos grandes almacenes de sobra conocidos por todos, es necesario estar hipotecado. No es requisito indispensable, pero se valoraba muy positivamente. Imaginemos porqué.

Me gusta pensar que si algo va mal solo tengo que meter una maleta en el coche y buscarme la vida en otro sitio, hablo figuradamente, que no quiero herir susceptibilidades (mi vida me gusta!). Durante estos últimos años hemos visto como cientos de personas se quedaban con lo puesto, embargados, sin apenas ingresos. La situación se vuelve dramática cuando se trata de una familia con hijos. Siempre he pensado que puedo comer patatas cocidas todos los días,  pero un niño no. Y mientras tenga una tira de tierra para plantarlas, nadie será mi dueño.

La libertad que da el no tener nada es de las sensaciones más plenas que he podido experimentar hasta ahora.

sábado, 28 de mayo de 2011

Banalidades


Morning Sun. E. Hopper (1952)

Despierto, me desperezo sentada en la cama mientras la perra con movimientos rápidos y silenciosos me da los buenos días. Los tres primeros pasos que doy hacia el baño van acompañados de los tres primeros golpes de rigor. Uno: contra el baúl, dos: contra la puerta, tres: contra el marco de la puerta después de esquivar al perro que corretea a mi alrededor. Enciendo la luz, me miro al espejo y mi pelo leonino en lugar de darle un aspecto felino a mi cara me trae a la mente uno de esos peinados versallescos, me sonrío y acerco la cara al espejo hasta dejar la nariz a medio milímetro de la superficie reflectante. Me miro como si fuera la primera vez que observo mi cara. Han pasado los años y la sigo viendo igual. A excepción de los enormes lunares que ocupaban mi mejilla derecha y me quitó un cirujano hace años. Mi presupuesto me permitía dos cosas ese verano, irme a Irlanda o sacarme esos manchurrones horrendos. Lo tuve claro.

Voy a la cocina, una manzana? No, mejor sandía que ya está abierta. Un café, un pedazo de pan con mermelada de fresas y un yogur. Lo coloco todo en la bandeja y voy a la sala a tomar tranquilamente mi desayuno mientras veo despuntar los rayos de sol cada vez más hacia el  norte. Qué poco falta para San Juan! Después de esa noche, poco a poco el alba irá retrocediendo hacia el sur, y así hasta la navidad. Me llevo un pedazo de pan a la boca mientras mantengo la vista depositada en esos rayos que aún no ciegan. Hoy va a hacer un buen día y será un buen día.

El perro me mira desde el suelo con ojillos suplicantes. Le doy un trozo de sandía fresca que se lleva a debajo de la mesa, para comerlo tranquilamente. Quizá es algo que conserva de sus antepasados lobos, esconderse para que el resto de la manada no le quite su porción de presa.

Es sábado, ayer me acosté tarde después de ir a un concierto y tomarme unas cervezas en buena compañía. Ahora toca ir al trabajo en medio de bostezos y ojos vidriosos. Solo unas horas más y seré libre.